En su interpretación de For Good, el piano se convierte en una especie de narrador interior. Johnson permite que la melodía avance con una delicadeza casi vocal, como si cada nota intentara recordar la presencia de aquellas voces que alguna vez la habitaron. La pieza se despliega entonces como una travesía emocional: momentos de intensidad se elevan hacia pequeños clímax, para luego retroceder hacia zonas de calma y contemplación.
