San Alberto Magno: La sustancia del alma, los fundamentos del ser y los universales.

Por Antonio Aguilera, SJ

I

PRIMEROS AÑOS Y ENTRADA A LA ORDEN DE LOS DOMINICOS

Alberto nació en 1193 o en 1205 (se duda entre ambas fechas), en Lavingen, Suavia, a orillas del Danubio. Su familia era la de los condes de Bollstoed. Se cuenta de él, como de Santo Tomás de Aquino, su más ilustre discípulo, que tenía una inteligencia poco despejada al principio; lo cierto es que Jordanus, superior de la orden de hermanos predicadores de Santo Domingo, presintió lo que podía llegar a ser algún día e hizo los mayores esfuerzos para hacerle entrar en la orden, lo cual sucedió en 1221.

            Alberto comenzó ya en esa época a interesarse por la medicina, los fenómenos naturales y por los trabajos de Aristóteles traducidos por Jaime de Venecia entre 1150 y 1170. Como el ingreso en la Orden Dominica debía hacerse por una provincia Alberto Magno eligió la de Colonia, donde llegó a lector en 4 años -tiempo mínimo exigido- cargo que ocupó también en Hildesheim, Freiberg, Regensburg, y Strasbourg. En 1238 Alberto asistió al Capítulo General de la Orden que eligió a Raimundo Peñafort, tercer Maestro General. Durante los viajes que Alberto realizó en esos años examinó metales en los distritos mineros de Freiberg y Gosslar y describió las minas de oro en los ríos Elba y Rhin.

            En 1241 Alberto es el primer dominico alemán que fue a la Universidad de París para graduarse como «Maestro en teología» a sugerencia de Hugh de St. Cher, maestro regente dominico en Teología en París, provincial de Francia y más tarde cardenal. Para obtener el título era necesario impartir clases y conferencias durante 3 años, y ante la sorpresa de todos, las primeras conferencias de Alberto constituyeron tal éxito que muchas personas asaltaron al Paraninfo, lugar destinado a las mismas, y como no se disponía de una sala con el aforo necesario, Alberto tuvo que hablar en una plaza pública, desde entonces llamada «Plaza del maestro Alberto».

PROVINCIAL Y OBISPO

Entre 1254 y 1257 como prior provincial tuvo a cargo cuarenta casas de la orden en Alemania, Austria, Suiza, Luxemburgo, Bélgica, Holanda, Polonia, Lituania y Letonia aprovechando las numerosas visitas a esas casas para estudiar empíricamente Ciencia Natural. Asimismo, como reputado maestro en escolástica, propagó en París escritos griegos y árabes, traduciendo, explicando, corrigiendo y añadiendo nuevas áreas de conocimiento a la filosofía de Aristóteles. Por ese entonces, los cronistas narran que nadie había prestado atención a Santo Tomás, hasta el momento en que Alberto encontrara, casualmente, páginas magistrales de su discípulo. Puede creerse, en efecto, que Alberto descubriese el ingente talento de Santo Tomás, desde los primeros días de su estadía en París, al leer los primeros manuscritos de su discípulo que le cayeron entre manos. Un cronista del siglo XIV, Herman de Fritzlar, nos transmite el relato siguiente: “Como progresaba mucho en las artes, fue enviado del país galo a Colonia, donde estudiaba con tanto celo que jamás dirigía la palabra a alma viviente y por esto se le llamaba «el buey silencioso». El obispo Alberto llegó entonces a colonia y visitó las celdas de los estudiantes, encontrando en la de Tomás un catálogo pequeño que estaba escrito con mucho arte. Entonces el maestro preguntó quién ocupaba esa celda. Le respondieron «es el buey silencioso». El obispo Alberto replicó: «hablará un día tan alto, que toda la cristiandad será enseñada por él».

Entre 1258 y 1260 regentó los estudios en Colonia y el 5 de enero de este último año fue nombrado obispo de Regensburg por Alejandro IV, quien lo consagró el 14 de marzo en el convento de San Blas y fue solemnemente entronizado en la Catedral de Colonia el día siguiente, tomando posesión del Obispado el 29 del mismo mes, cargo que ejerció hasta el 11 de mayo de 1262 en que cesó a petición propia porque detestaba las funciones oficiales, pero permaneció como miembro de la curia romana hasta 1266. Durante su episcopado visitó Grecia para consultar con Guillermo de Morbeke la traducción de los trabajos de Aristóteles. Entre 1264 y 1267, Alberto fijó su residencia en Wurzburg y probablemente predicara a las cruzadas en Alemania. En cualquier caso, sobre 1269, Jhon de Vercelli, que luego fue maestro de la orden,a pidió a Alberto que residiera en Colonia como lector emérito, lo que no impidió que en abril de 1271 Alberto le mostrara su irritación por las fatuas, estúpidas, fantásticas e inquisitivas cuestiones que le envió a Tomás de Aquino a París y a Robert kilwardby, entonces provincial dominico de Inglaterra.

ACTIVIDAD INTELECTUAL

En París es donde empieza Alberto la publicación de su inmensa enciclopedia que será el instrumento de trabajo indispensable de los siglos venideros, libros de ciencias, comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, y la redacción de sus dos tratados de teología más importantes: la Suma de las criaturas y el Comentario del libro de los Nombres divinos del Areopagita.

            Una rápida mirada acerca de la actividad literaria de Alberto Magno, podría hacer creer al lector mal informado de la vida escolar de la edad media, que Alberto fue ante todo un filósofo o un naturalista que, de tiempo en tiempo y por obedecer a la costumbre de su época, escribía algunos comentarios sobre Sagrada Escritura. Todo lo contrario, Alberto es maestro en teología. A causa de este título enseña en París y también fue encargado en 1248 de organizar el studio generale de Colonia. Por ese título enseña hasta el fin de su vida en Estrasburgo y Colonia. De este modo el maestro en teología o, según una expresión más antigua, el maestro in sacra pagina tenía como misión propia la lectura y la interpretación de la Sagrada Escritura.

            Por el contrario, la enseñanza filosófica y científica es la que reviste un carácter privado en la actividad de Alberto. Los sacerdotes y religiosos en la edad media no podían formar parte de la facultad de Artes ni como estudiantes ni como profesores. Si un maestro en teología hubiese enseñado públicamente artes habría a la vez, escandalizado a sus colegas teólogos e irritado a los “artistas” por esta usurpación. Sin embargo, entre los predicadores, muchos no habían cursado los estudios de filosofía, antes de su entrada a la orden. Otros, por el contrario, eran “artistas” de carrera, como Jordán de Sajonia.

            La actividad filosófica desplegada por un Alberto Magno no solamente era menos oficial que su actividad teológica, sino que aquella estaba sometida a esta como medio al fin. Acaso, sin embargo, Alberto no debe su celebridad a la sección más escogida de su enseñanza. A la mayor parte de los estudiantes, aparece sin duda como gran enciclopedista, revelador de los secretos científicos de Aristóteles. Pero esta victoria, en apariencia limitada, tiene gran importancia. La difusión de métodos, de verdades nuevas crea un estado de espíritu especial y el éxito de la física de Aristóteles es ya el del peripatetismo completo, que aquélla necesariamente supone.

            Los diversos trabajos a los cuales se ha entregado Alberto están seguramente ligados por un carácter general, que es el lugar común de las diferentes ciencias, de suerte que puede decirse que tuvo el sentimiento de esa gran síntesis cuya realidad daría la ciencia universal; pero, al mismo tiempo, esos trabajos tienen caracteres particulares que permiten establecer divisiones entre los mismos. Creo, pues, que un trabajo extenso sobre Alberto, exigiría que se le estudiara como naturalista, teólogo y filósofo propiamente dicho. La primera parte debe comprender, no solamente los escritos de Alberto sobre la historia natural, conforme a las traducciones que hizo de los de Aristóteles, sino también cuanto se refiere a lo que le valió el título de insigne mágico. La segunda encierra cuanto ha dejado de teología y, aunque esta parte no sea la que domina, no es sin importancia ciertamente. La tercera comprende toda la filosofía: así, bajo este último aspecto, Alberto ofrece a examen todas las teorías filosóficas sentadas por Aristóteles, explicadas por los árabes y sometidas a las formas de la escolástica; esta tercera parte está llena de dificultades y exige muchas condiciones. Dando a cada una de estas partes las divisiones y subdivisiones necesarias por la complejidad del objeto, quizá se llegaría a aclarar algo este inmenso amasijo de tratados cuya erudición no constituye siempre el único mérito.

            Tal es el método que quizá convendría seguir en el examen de las obras de Alberto Magno. Sin poder aplicarlo aquí con todo su rigor, intentaré considerar los diferentes aspectos de este espíritu eminente, cuyo primer carácter es la universalidad.

PERSONALIDAD Y CARÁCTER

Hay que alabar tanto su atrevimiento y su poder, como su prudencia y discreción. En ningún momento aparece como el innovador fogoso, que no ve nada más en el mundo que los tesoros que él lleva. Trata con respeto lo que va a modificar o completar. Declara que no se puede llegar a ser filósofo, sino por Aristóteles y Platón a la vez.

            Alberto, y después de él Santo Tomás de Aquino, logró de este modo reestablecer la concordia entre los dos sectores que dividían el mundo intelectual. La oposición que los teólogos timoratos[1] intentan bosquejar entre la razón y la fe les parece desde el primer momento monstruosa; teniendo pleno conocimiento de las dificultades que tenían que vencer, logran la concordia entre el conjunto de ciencias paganas nuevamente puestas al día y la ciencia sagrada, gracias a ellos, más firmes que nunca. Por eso se ha podido escribir que, lejos de reducir a la razón en esclavitud, ellos la salvaron, puesto que limitando su campo de acción a lo que es demostrable, dieron a los filósofos la conciencia de su valor y de sus derechos.

            La fuente evidente de una sabiduría tan extraordinaria es la bondad. Parece que el carácter personal de Alberto sea una mezcla de franqueza de niño -no estudiada en este hombre de ciencia- con un acento de ansiedad y de nostalgia. Pero no duda ni un momento acerca de la legitimidad o necesidad de sus trabajos.

            Ha llegado hasta nosotros un retrato de Alberto, atribuido por Sighart a la pluma del maestro general Humberto de Romanos, que no ofrece un carácter muy individual, pero que indica lo que debía ser entonces un verdadero Hermano predicador, y que, por consiguiente, conviene a Alberto: “Solamente considerando las apariencias exteriores, era de buena talla y bien dotado de formas físicamente. Poesía un cuerpo formado con bellas proporciones y perfectamente moldeado por todas las fatigas del servicio de Dios”.

OBRAS DEL AUTOR

Escritos sobre historia natural y física:

  • Libri de physico auditu (Libros sobre el oído físico)
  • De generatione et corruptione (Sobre la generación y corrupción)
  • De coelo et mundo (Sobre el cielo y el mundo)
  • De longitudine et latitudine terrarum et civitatum et de locis habitabilibus (Sobre la longitud y latitud de las tierras, ciudades y lugares habitables)
  • De causis, propietatibus elementorum (Sobre las causas y propiedades de los elementos)
  • Libri metheorum (Libros de los meteoros)
  • De mineralibus (Sobre los minerales)
  • Libri et anima (Libros sobre el alma)
  • De causis vitae et mortis et longitudinis vitae (Sobre las causas de la vida y la muerte y de la duración de la vida)
  • De nutrimento (Sobre la nutrición)
  • De somo et vigilia (Sobre el sueño y la vigilia)
  • De sensu et sensato (Sobre el sentido y el sentiente)
  • De motibus animalium (Sobre los movimientos de los animales)
  • De respiratione et inspiratione (Sobre la respiración e inspiración)
  • Libri de vegetalibus (Libros sobre los vegetales)
  • De animalibus (Sobre los animales)
  • De Alchimia
  • Compendium de Ortu et Metallorum Materia
  • Concordia philosophorum
  • Secretorum Tractus
  • Compositum de compositis
  • De secretis mulierum
  • Liber aggregationum sive de virtutibus herbarum
  • Lapidum et animalium
  • De mirabilibus mundo
  • De mineralibus et rebus metallicis
  • De lapidibus
  • De causis
  • De natura locorum
  • De plantis
  • Física

 Escritos sobre filosofía y teología:

  • Sentencias Summa Parisiensis
  • Quastiones disputae
  • Summa Theologica
  • Liber causis
  • Comentarios sobre Job
  • Comentarios sobre San Mateo, San Lucas y San Marcos
  • De sacrificio misase y De sacramento, y Elenchi
  • De natura boni
  • De intellectu et intelligibili
  • Mariale
  • Comentarios sobre la Ética a Nicómaco
  • Comentario sobre las sentensias

II

La Alquimia, una constante en la Edad Media (Xavier Rousselot)

La alquimia fue durante tiempo, y a lo largo de toda Europa, como un torrente que arrastraba todas las esperanzas; y, durante esta época, la parte ambiciosa del Espíritu humano se dirigió con entusiasmo a la conquista del oro, como se dirigió más tarde a la conquista del Nuevo Mundo. Uno de los más célebres alquimistas de la Edad Media, sobre todo por las exageraciones posteriores a su fama, fue Alberto Magno.

            Se ve que esta rama de las riquezas de la curiosidad humana ocupa un lugar importante en la historia de la ciencia medieval; y, si se vincula a la filosofía, se hace evidente que es preciso hablar de ella. ¿Qué buscaban? Dos cosas muy simples: el oro y la inmortalidad; la piedra filosofal y el elixir de la larga vida; ese oro, que era preciso hacer potable, se creía posible de obtener mediante la transmutación de los metales, y el principio «todo está oculto en todo».

Seguidor y propagador del aristotelismo (Albert Garreau)

Los obstáculos que encontraban los hombres de estudios, en la época de los manuscritos se vencían con dificultad. Las fuentes eran escasas, desde luego penosas. Las traducciones eran oscuras, llenas de lagunas, de interpolaciones, plenas de contrasentidos; las traducciones del árabe confundían frecuentemente el texto original con los comentarios neoplatónicos que lo acompañaban. Alberto busca con celo los escritos fragmentarios de Aristóteles, para reunirlos y compararlos: “Los he rebuscado diligentemente”, escribe, “por las diversas regiones del mundo”.[2]

            Es el primer lector cristiano, el introductor de Aristóteles integral y completo; gana para él los espíritus; tal es en suma lo esencial de su obra, por la cual funda y emprende el desarrollo todo de la filosofía ulterior.

Alberto, el científico y naturalista (Manuel Castillo y Xavier Rousselot)

Uno de los grandes servicios prestados a la ciencia por Alberto fue el llamar la atención sobre la historia natural, no solamente traduciendo los escritos de Aristóteles, sino uniendo a los mismos las observaciones que había hallado en otros y las suyas propias. Y lo que prueba que solo consideraba esta rama como parte de un gran todo, es que la vincula a las otras partes de la filosofía, como las matemáticas y la metafísica, teniendo la precaución de decir que esta es una ciencia divina que debe coronar todas las demás.

            La idea que Alberto tenía de Ciencia la expuso en:

            Physicorum, donde compatibiliza su idea mecanicista con la Teología, al atribuir la Creación a un creador y no a un «Supremo ordenador»; De caelo et mundo, (libro I) cuando dice que no es un milagro la creación de las cosas naturales; De causis propietarum elementorum (libro I), donde leemos que no todo es causa de Dios, aunque considera la causa natural como instrumento a través de la cual Dios se manifiesta; De mineralibus, (libro II), donde escribe que no es propio de un científico aceptar implícitamente lo que cualquiera diga, sino que se debe investigar las causas intrínsecas de cada cosa natural; Meteorum, (libro III), donde Alberto piensa que Aristóteles debe haber hablado menos de las opiniones de sus predecesores  más de la verdad de demostraciones o experimentos; De vegetalibus, (libro VI), cuando dice que la Ciencia satisface mejor la curiosidad de los estudiantes que la Filosofía en sí, porque le hablamos de nuestras experiencias personales per se y añade que es lo mejor para llegar al conocimiento verdadero; De animalibus, (libro XXII), cuando clasifica las especies atendiendo a sus peculiaridades y no por orden alfabético porque se debe tratar a cada especie separadamente; y en el libro VIII manifiesta su confianza en la disección de los animales para poder conocerlos mejor, lo que corrobora en el libro XXIII cuando insiste que solo las pruebas experimentales tienen más valor que la especulación filosófica; en el libro XIV dice que la Naturaleza hace lo mejor para todo.

Los estudios metafísicos en Alberto: La sustancia del alma, el ser y los universales (Rousselot)

La metafísica particular halla una aplicación en el estudio del alma, estudio que Alberto, siguiendo los pasos de Aristóteles, clasifica entre las ciencias naturales. Esta clasificación no deja de tener importancia, pues maestro y discípulos obedecen sin duda alguna a un sentimiento que parece opuesto a una división metafísica respecto a la sustancia que ya hemos señalado, y cuyo principal autor es Descartes.

            Hela aquí, poco más o menos tal como se presenta de manera más o menos explícita en los escritos de Alberto Magno:

  1. Del alma y de sus diferentes aspectos.
  2. De las facultades del alma. Esta cuestión comprende: 1. La teoría de la percepción o de las especies sensibles e inteligibles; 2. La de lo virtual y lo actual.
  3. De los universales; cuestión que jamás está enteramente omitida en esta época.
  4. Del problema de la individuación.
  5. De la moral.

Ni realista ni nominalista (Rosusselot)

Alberto toma un término medio, mediam viam. Por tanto, no es realista ni nominalista; se queda en conceptualista, so pena de no ser nada; de donde se sigue que Alberto Magno era un sectario de Abelardo. Los realistas son en la Edad Media los principales motores de la doctrina de las entidades.

            Alberto es conceptualista, y lo es porque hace la distinción que constituye el fondo de toda polémica y de toda teoría de Abelardo, distinción que he intentado resaltar, y que consiste en separar la lógica de la metafísica. La diferencia que existe entre Abelardo y Alberto consiste en que este se apoya en un conocimiento más amplio de Aristóteles; la doctrina de la potencia y del acto le sirve de base y le conduce de modo natural a no ver, en el universal en acto, más que una concepción de la inteligencia, un atributo general; en una palabra, un predicado, según la expresión consagrada.

            ¿Qué es la quiddidad? Es el todo de una cosa, su realidad como esencia. El alma y sus facultades, la percepción, el conocimiento, la individuación, los universales, todo esto está en ella y es por ella que Aristóteles domina verdaderamente, mucho más que por el silogismo.

            En fin, Alberto se muestra mucho más metafísico que teólogo, lo opuesto de santo Tomás, en quien veremos lo contrario.

Hilemorfismo y materia prima

Para Alberto las almas, en virtud de su naturaleza espiritual, pueden existir básicamente independiente de la materia, aunque estén atadas a ellas hasta cierto grado. Por debajo de ellas se encuentra la esfera de las «formas no separables», vinculadas irremisiblemente a la materia.

            En la realidad creada rige el hilemorfismo, exceptuando a los seres puramente espirituales, que se conciben como compuestos de quod est y quo est. Con ello adopta Alberto una posición opuesta al agustinismo, al igual que con su rechazo de una pluralitas formarum. Una de las tesis metafísicas fundamentales de Alberto es, como en Tomás de Aquino, que únicamente puede existir una sola forma esencial para un ser. La materia prima, en cambio, no la entendía como mera condición de posibilidad. En la materia subyacen las formas de todas las cosas, que se producen de continuo a partir de ella. En esta concepción la causa de la pluralidad no puede encontrarse ni en las formas ni en la materia. La pregunta por el principio de la individuación conduce por encima de la materia u la forma a un origen que a todo lo precede. La materia prima del universo fue creada a partir de la nada con el primer acto de Dios, simultáneamente con el tiempo y el primer cielo. La tan discutida cuestión de la eternidad del universo queda así resuelta. Todo es una creación divina. En primer término, es éste un enunciado teológico, pero en la convicción de Alberto tiene los mejores argumentos filosóficos de su parte, si bien con la sola filosofía no se puede demostrar ni lo uno ni lo otro de forma irrefutable.

Causa prima, causa de la pluralidad y forma corporis

Para Alberto lo que Dios es, quid est, se puede comprender tan solo infinite; la esencia de Dios se sustrae a toda limitación categorial. De la negación de toda determinación resulta lo ilimitado, lo indefinible y, con ello, por definición, lo imperfecto y confuso. En esta concepción se conoce de Dios que es prima causa y substantia intellectualis. De ello debe distinguirse el intellectus privativus, que conoce de forma negativa lo que Dios no es.

            En este proceso de reconsideración de la esencia del hombre, que obtuvo un fuerte impulso de la recepción de Aristóteles, asume Alberto una posición mediadora entre Platón y Aristóteles. Comparte la idea de Platón de que el alma, en cuanto tal, es una sustancia independiente, un espíritu incorpóreo e inmortal. Pero en relación con el cuerpo, el alma es forma en el sentido de la entelequia aristotélica; es el principio vital de un cuerpo físico-orgánico: «anima este primus actus corporis physici organici, potetia vitam habentis».

            Teniendo en cuenta este estado de cosas resulta comprensible que Alberto pusiera especial empeño en subrayar que el alma no es un accidente, sino substantia y substantialis forma animati. Como sustancia incorpórea es unibilis corpori, capaz de formar una unidad con un cuerpo. En ello se distingue de los ángeles y en ello radica además el que cuerpo y alma constituyan un «unum naturaliter et substantialiter»

Individualidad del intelecto

Pese a la amplitud temática de sus investigaciones antropológicas, el centro del interés de Alberto lo ocupa la cuestión de la individualidad del intelecto. La tesis de que el intelecto es único para todos los hombres –De unitate intelectus– la considera Alberto característica de la interpretación averroísta de Aristóteles, no de Aristóteles mismo. Bien entendida, la filosofía de Aristóteles conduciría a la certeza de que el alma humana persiste después de la muerte.

Los defensores de la posición opuesta argumentaban de esta manera: el espíritu humano conoce lo universal; para ser capaz de ello, él mismo debe entenderse como algo universal, como un ser general. El espíritu cognoscente debe por ende ser uno y el mismo en todos los hombres. Pero ello tiene como consecuencia que el intelecto, así entendido, tiene que ser realmente distinto del alma individual. Entonces el hombre sería tan solo un individuo en el ámbito espiritual inferior; estaría definido solamente por los conceptos vivum y sensibile.

Intelecto agente

La facultad de conocer lo universal tampoco pone en entredicho, por tanto, la individualidad del alma espiritual; el intelecto no posee existencia alguna separado de la unidad sustancia del alma. Cuando se habla del aspecto supraindividual del intelecto, de lo universal y permanente, se habla a fin de cuentas del a priori formal del conocimiento humano.

            Y se trata de Intelecto agente –intellectus agens– en la medida en que es iluminado por la «luz primera», la prima causa con los principios universales e inalterables del conocimiento. En la luz original del espíritu todos los principios forman una unidad, «unum et simplex». Esta luz se articula en el hombre en conceptos en el conjunto de los axiomas. Así, estos principios generales, que no requieren se aprendidos, ya se encuentran por naturaleza en el intelecto, y son los mismos para todos los hombres. El sujeto que piensa y conoce conforme a dichos principios generales no es, empero, él mismo algo general, sino el hombre individual por definición.

III

  Textos clave seleccionados La sustancia del alma    Análisis general
  De esta manera, “el alma de un ser compuesto por alma y cuerpo es la parte esencial, es la más noble y es la que perfecciona al cuerpo de los seres animados. Por tanto, suponemos que el alma está contenida en la categoría general de sustancia”. Alberto Magno, De anima, 2. 1. 1 (Cologne t. VII/1: 64.27-31)      -El alma como sustancia es la que faculta a los seres compuestos. -Si existe un compuesto de alma y cuerpo, debe existir algo que le otorgue ser o unidad y a eso le llamamos “alma”, en cuanto que categoría de sustancia. -De esta manera podemos afirmar que sin esta sustancia los compuestos no podrían perfeccionarse ni poseer movimiento. -En mi opinión estaríamos hablando de un alma con categoría general, y un alma como categoría individual, ésta última estaría unida al cuerpo como compuesto. Y entiendo el alma como sustancia, a aquella que está unida a lo universal que otorga el movimiento y da el ser.
  “Pero se probó que el alma racional no es una facultad corpórea ni es consecuencia de la complexión física o de una acción de las cualidades corpóreas. Por lo tanto, no depende de una (causa) eficiente […] En el segundo libro del De anima, se demostró en varias ocasiones que el alma es una sustancia […] y se demostró con suficiencia que el alma no se destruye con la muerte del cuerpo. Después de la muerte recibe una nobleza mayor”. Alberto Magno, De anima, 3. 3. 13 (Cologne t. VII/1: 226. 26-30):  -El alma racional es la que pertenece a la categoría general. -Alberto asegura que ésta no es una facultad corpórea ni producto de algo físico, sino que al ser sustancia se encuentra en un estadio más allá de lo perecible. -Alma racional, facultad corpórea, causa eficiente, sustancia, nobleza mayor. -El alma es independiente del cuerpo para realizar sus operaciones y en especial su operación esencial de inteligir. -En mi opinión, Alberto parece estar hablando aquí de la inmortalidad del alma, pues ésta es capaz de alcanzar una nobleza mayor después de la muerte, ya que ella no depende del cuerpo, y más bien era ella la que daba vida y movimiento a éste.
  “Aquello que está separado de algo por su operación esencial necesariamente se encuentra separado según su ser y esencia”. Alberto Magno, De natura et origine animae, 2. 6 (Cologne t. XII: 26.7-9):    -Por su propia esencia, el alma, no posee ningún tipo de conexión directa con los cuerpos. -El alma constituye una sustancia completa, separable u separada que solo se comunica con el cuerpo a través de cierta potencialidad. -La esencia de lo que se haya separado opera según esa capacidad de separabilidad. -En mi opinión, aunque resulte extraño, este carácter de separación propio del alma es parte de su esencia y opera según esa potencialidad.  
“lo que piensa (el alma racional) conforme a la luz de la inteligencia agente constituye la filosofía primera; cuando (la inteligencia) vuelve hacia la imaginación adopta un modo matemático de pensar y, cuando se vuelca hacia la percepción (general) asume un modo físico de pensar”. Alberto Magno, De unitate intellectus, 3. 1 (Cologne t. XVII/1: 22.21-26  -Existe una filosofía primera, un modo matemático y otro físico de pensar. -Cuando el pensamiento está más sujeto a la inteligencia agente, que pertenece con más cercanía al alma racional, éste viene a ser parte de esa filosofía primera y a medida que va alejándose de ella, se acerca a otros modos, como ser el matemático o el físico. -Alma racional, modos de pensar. -En conclusión, poseemos distintos modos de pensar, y hay uno que puede acercarnos más a esa filosofía primera si nos dejamos llevar por le inteligencia agente. -En mi opinión, Alberto lo que hace es una descripción de lo ya dicho por Aristóteles cuando este habla de la facultad volitiva, la cual consiste en dirigir nuestros deseos según la racionalidad.  
“…toda potencia superior es capaz de realizar lo que cualquier potencia inferior puede hacer, pero no al revés”. Alberto Magno, De anima, 2. 1. 4 (Cologne t. VII/1: 70.23-24)  -Una potencia inferior no es capaz de hacer lo que si puede hacer una superior, puesto que no tiene las facultades o potencias de la otra. -Todos los hombres se encuentran dotados de almas racionales o intelectuales, gracias a las cuales realizan operaciones vegetativas y sensitivas, como también intelectuales y volitivas. -Potencia superior, potencia inferior. -En conclusión, la potencia vegetativa propia del alma no es capaz de inteligir, por ejemplo, como sí puede nuestra potencia intelectiva. -En mi opinión, Alberto sigue extendiendo su interpretación sobre los planteamientos aristotélicos. Habla aquí de las tres partes del alma, las cuales ejercen sus facultades de acuerdo con una cierta jerarquía, en la que la superior viene a ser la racional, la cual sí puede realizar las funciones de vegetativa y sensitiva. Pero estas últimas no pueden realizar la función de la racional.
En efecto, “de conformidad con el parecer del Filósofo [Aristóteles], hay que decir que (el alma) ha sido creada juntamente con el cuerpo e infundida en éste porque si hubiera existido antes de dicha infusión habría existido sin razón, y la naturaleza no hace nada sin razón”. Alberto Magno, De animalibus 16. 13 [ed. Cologne t. XII: 284. 14-21].   “(El alma) tiene su comienzo cuando aparece el cuerpo. Esto se demuestra así: todo motor se adapta a lo que mueve. Ahora bien, el alma es el motor del cuerpo. Así como en el orden natural un barco inexistente no es dirigido por capitán alguno, un cuerpo propiamente inexistente no puede contener un alma”. Alberto Magno, De anima, 3. 3. 13 (Cologne t. VII/1: 226.– Alberto Magno niega la posibilidad de que el alma preexista previamente a la unión con el cuerpo. -El principal argumento que sustenta esta opinión es que una existencia del alma anterior al cuerpo no tendría sentido alguno. -Alma, cuerpo, razón y naturaleza. -Siendo la principal razón del alma el proporcionar vida y movimiento al cuerpo, es necesario el nacimiento de un cuerpo para que exista esta. -En mi opinión esto resulta un tanto contradictorio, puesto que el alma no puede anteceder al cuerpo y, sin embargo, Alberto ha dicho antes que ésta sí puede existir e incluso plenificarse después de la muerte del cuerpo.
  Los fundamentos del ser    Análisis general
“El alma está compuesta de principios esenciales” (II Sent., d. 8, a. 25).-La naturaleza del alma es propia de la sustancia o de la esencia -Cuando Alberto se refiere al alma, siempre lo hará de acuerdo con un origen que va más allá de lo corporal -Alma, compuestos, principios, esencia. -En conclusión, eso que proviene de principios esenciales, solo puede ser el alma. -En mi opinión, Alberto está constantemente preocupado por marcar el origen esencial del alma, para diferenciarla del cuerpo perecible, al cual, sin embargo, ésta se encuentre íntimamente unida.
…la filosofía primera estaría representada por “el ser, que es ser simple, acto que emerge de la primera esencia que existe, en la cual se encuentra la resolución última de todo el compuesto”. (Albertus, Metaph., l. 1, tr. 1, c. 1, 2b.)-Afirma la existencia del ser simple. -El ser simple para Alberto pertenece a la esencia primera, de la cual mana todo el compuesto. -Ser simple, esencia, compuesto. -En conclusión, para Alberto es necesaria una comprensión del ser simple como esencia primera, para encontrar el origen de todo compuesto. -En mi opinión, Alberto, al igual que Aristóteles está interesado en ir a las causas últimas.
“Las causas del ser simple son las que hacen que sea substancial el ser y causan el ser de cualquier ser, en cuanto es ser, como se ve en el cuerpo móvil (…). Llamo ser simple, pues, no al ser universal, sino al ser de cada uno, no concebido con el tamaño y la materia sujeta al movimiento mediante principios de movimiento. Los principios de tal ser son verdaderamente principios a partir de los cuales todas las demás cosas sostienen tanto el que sean como el que sean principios”. (Ibíd., tr. 2, c. 1, 18b.)-El ser simple, no es un ser universal; al contrario, es aquel individual. -Cuando se refiere al ser simple señala aquel característico ahondamiento en la realidad que es propio de la metafísica. Se trata de una consideración del ser de las cosas dejando al margen los aspectos que, desde el punto de vista lógico, las componen. -Ser simple, universal, cada uno, principios. -En conclusión, su doctrina es meridianamente clara. No estamos hablando de la emanación de una hipóstasis que brote del uno, sino que se está considerando el ser en cuanto ser, que puede darse ora en los entes físicos, ora en los espirituales. La simplicidad es descubierta en la reducción, por así decir, que hace el entendimiento a través de su concepción. O sea, se refiere a la abstracción requerida para hacer metafísica. -En mi opinión, Alberto reconoce la importancia del ser simple en su capacidad de estar presencia en la individualidad, según su principio esencial.
“Aquello que es ente puede participar en algo que, dándole forma (per informationem), lo concrete a ser este o aquel ente en el número, la especie o el género. Pero el ente considerado en el ser simple no posee nada mezclado según aquello que concreta”. (Id., De bono, tr. 1, q. 1, a. 7, ed. Colon., p. 13, vv. 14-18.)-El ente proporciona la concreción de los seres y al mismo tiempo no está mezclado con eso que concreta. -Aquello de que participa el ente sin duda hace referencia a la forma. -Ente, concreción, género, especie. -La comprensión del “ser simple” no hace referencia a una procesión ontológica sino a una consideración mental del ser del ente. -En mi opinión, Alberto insiste en la capacidad de estar presente y al mismo tiempo separada de la esencia, en este caso del ente como esencia.                    
“Aristóteles se refiere a la verdad del signo, que es causada por el ser de la cosa, ser que dice ser propio de la composición, pues en el sujeto no está el ser, sino el ente supuesto. De igual manera, el predicado es llamado ente en otro, o sea, que está en el sujeto. Sin embargo, en la composición, no se pone el ente sino el ser. De igual modo que en la naturaleza la potencia no posee el ser por sí misma y tampoco la forma, porque para ella el ser está en potencia, esto es, en el sujeto, que es la materia; por el contrario, el ser de la cosa está en la composición de la forma. Así sucede también en la enunciación”. (Cf. Albertus, De bono, ibíd., ed. Colon., p. 18, vv. 15-24.)-El ser se encuentra en potencia en la forma y en el ente. -Alberto comenta la visión aristotélica, arguyendo que el ser se encuentra en la composición de la forma, es decir, éste es la concreción de lo que en el ente o en la forma solo está en potencia. -Signo, ser, forma, ente, composición. -El texto parece inspirado en otras palabras de Boecio que, sin ser ahí mencionadas, vienen muy a propósito: «Es diverso el ser y “lo que es.” Éste, en efecto, no es en absoluto el ser. Por el contrario, “lo que es” en cuanto es recibida la forma que permite ser, es y subsiste.» -Ha dicho claramente que la forma se encuentra en potencia respecto del ser. Sin embargo, cuando la forma se llega a la materia, entonces se produce el ser. No antes, porque la materia no posee el ser de suyo. -En mi opinión, el ser hace aparición cuando lo aguarda un sujeto capaz de sustentarlo, como es el caso del compuesto.
“Llamo ser de la forma a la propiedad más que al efecto, porque el ser no es otra cosa sino la difusión de la forma en cuanto existe en acto (…). Esto se verá claro si se piensa lo siguiente: el ser que es propiedad de la forma, que se llama “lo que era el ser” debido a esa misma propiedad, es una difusión de la forma en cuanto participa de su acto de ser. Por eso, el ser, en las potencias en que está, tiende a perfeccionarlas y así se comporta extendiéndose como una luz procede de lo luminoso”. (Id. Metaph., l. 1, tr. 4, c. 2, 48b-49a.)-El ser es una difusión de la forma- -El texto declara que el ser fluye de la forma, que es la esencia, como la luz desde el foco. -Ser, forma, propiedad, difusión, potencia, acto. -Aunque de momento no esté claro exactamente lo que esté expresando Alberto cuando habla del ser, hay que reconocer que la esencia (forma) es realmente distinta del ser, el cual es su acto. -En mi opinión, la forma atesora consigo el ser y de ahí que sea declarada su prioridad en el compuesto, cosa que alude implícitamente a la idea boeciana, según la cual era preciso que el ser, en los entes creados, se diese en un sujeto determinado Formalmente.
“La forma es, pues, también la verdadera quididad de la cosa, porque las cosas constituidas en el ser no están así por razón de la materia, sino por la forma. Esto porque la materia está en potencia y cuando una cosa está en potencia no es “esto que existe,” ya que la potencia está orientada hacia los opuestos y no lo está más hacia el ser que hacia el no ser (…). Por tanto, se dice que la forma es la razón de “aquello que era ser algo” y se dice que era mejor que “lo que es” para que se note la prioridad de la forma respecto al ser, que es su acto. De esta manera, ser algo es ser en una forma que determina la quididad de la cosa”. (Id., Phys., ibíd., Ed. Colon., p. 99, vv. 65-83).-La forma constituye la esencia de las cosas y los seres, puesto que la potencia contenida en ésta es la razón de lo que es. -Disponemos ya de dos nombres que dan razón de la naturaleza de la forma. En cuanto que es la causante de la presencia del ser en la cosa, se llama esencia, mientras que merece el nombre de quididad —el tecnicismo que traduce la curiosa expresión de Aristóteles “aquello que era ser algo”— en cuanto determina de una manera concreta la cosa para existir como miembro de una especie. -Forma, quiddidad, potencia, ser algo. -En mi opinión, Alberto retoma la teoría del acto, en la que el ser viene a ser su mejor expresión.  
  Los universales    Análisis general
«El universal no se puede definir con verdadera definición, ya que, por ser predicable de muchos (de distinto modo), no tiene una y la misma noción, sino que se dice según algo principal y algo secundario de aquellas cosas de las que se predica por contenerlas en el ámbito de su comunidad» S. Alberto Magno, Liber de praedicabilibus, tr. 2 C.1, Pág. 18. Editorial Vivés, París, 1890.-El universal entra en el ámbito de lo indefinible- -Alberto menciona que esta indefinibilidad está marcada por la noción de que éste es predicable de varias maneras. -Universal, predicable, principal, secundario. -En mi opinión, Alberto ve en El universal la mejor expresión de lo separable, es decir, aquello que es capaz de estar más allá, no solo de los cuerpos, sino de la forma y el ente, puesto que El universal es capaz de estar simultáneamente en la diversidad y en la individualidad.
«El universal es lo que, siendo uno, por naturaleza es apto para estar en muchos» IBID, Pág. 17.-El Universal es uno. -Solo este carácter de unicidad es lo que permite su presencia en todas las cosas. -Universal, naturaleza, muchos. -En mi opinión, Alberto ve en esto la naturaleza propia de El universal, el cual está presente en todas las individualidades.
Tres modos como se puede considerar el universal: 1) En cuanto tal, como naturaleza simple e inmutable. 2) En cuanto existe en esto o en aquello. 3) En cuanto se refiera a la inteligencia (según la relación al intelecto de la inteligencia primera, que lo conoce y lo causa como cierto rayo de luz; o según la relación al intelecto que lo conoce por abstracción). IBID, Pág. 24-25  -El universal se puede considerar en cuanto a naturaleza, existencia y relación a la inteligencia. -Como se había dicho, para Alberto es necesario considerar El universal con una naturaleza propia, la cual, como apreciamos no se estanca en sí misma, sino que está función con la inteligencia, como una luz. Naturaleza, existencia, inteligencia. -En mi opinión, es necesario advertir que nuestra capacidad para entrar en contacto con la filosofía primera estará regida por la inteligencia, en cuanto que es la que nos permite percibir la luz de El universal.
«El universal, aunque por cuanto que está en el Intelecto no sea universal, sin embargo, sólo es el universal un ente en el intelecto. Y se prueba así. Es universal lo que se toma como uno de todos. Pero no es uno de todos en el ser que se tiene en las cosas, porque así a la misma cosa le ocurrirían muchas individuaciones, o todas, lo cual no puede ser. Luego conviene que sea uno de todos en cuanto lo uno está separado de todos. Y de este modo se hace por el intelecto» IBID, Pág. 364.    -El universal es uno, aunque esté presente en todas las cosas y lo perciba el intelecto. -Lo que apoya esta tesis es que, la anterior de separabilidad de El universal le permite estar en el intelecto, ser percibido por él y, a pesar de esto, no depender de él. -El universal, ente, intelecto, individuaciones, separabilidad. -En mi opinión, Alberto está preocupado por afirmar que, aunque tenemos la oportunidad de percibir El universal, no podemos confundirnos y pensar que El universal depende de nuestra aprehensión, ya que él es lo que es sin necesidad de más causas.
Cómo el universal se produce en el ser: «El universal, en cuanto es producido en el ser por el Intelecto Agente, o por la generación, que es el instrumento del Intelecto Agente, no se produce sino en la substancia (hypostasis), que es algo determinado en esta naturaleza común o en aquélla. Y por eso, ya que no se produce como existente por sí solo, no conviene que en cuanto producto sea una substancia (hoc aliquid)». IBID, Pág. 36-37.Alberto sigue la opinión de los peripatéticos, respecto de la existencia del universal: a) el universal existe en el alma cuando ésta ejerce la intelección, así como el individuo existe en ella cuando ejerce la sensación. b) el universal también existe en sí mismo en cuanto al ser de la naturaleza simple, a la cual le acontece ser universal por su comunicabilidad. c) el universal también existe comunicado a lo singular, y en él se encuentra dividido por los principios individuantes y la materia.
Substancia primera: individual; substancia segunda: universal.   «La forma también se dice substancia, dividida en tres modos, a saber, la quididad, el universal y el género; a la cual, considerada en cuanto tal algunos la llaman «esencia», y esto es muy razonable. Pero, considerada en el intelecto, la llaman «universal», y esto no es razonable, pues aunque el universal no existe sino en el intelecto, sin embargo, no es universal por estar en el intelecto, sino más bien porque es multiplicable y comunicable a muchos» Metaphysica, Lib 7, tr. 1, C. 5, Pág. 410-La doctrina de Alberto pretende seguir a la de Aristóteles, aunque no lo consigue de manera completa, por involucrar aún muchos elementos neoplatónicos. – El universal no tiene un status ontológico de substancia primera, sino de substancia segunda, que no es propiamente substancia sino por analogía con la anterior. -Y, de modo más preciso, el universal con auténtico ser de universal es el concepto, con lo cual se le da un status ontológico de accidente, a saber, como una cualidad del alma.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Rousselot, Xavier, San Alberto, Santo Tomás y San Buenaventura, 1950, Colección Asutral, Argentina.
  • Garreau, Albert, San Alberto Magno, 1944, Ediciones Desclée de Brower, Argentina.
  • Castrillejo, David Torrijos, San Alberto Magno, Introducción a la metafísica, 2013, Ediciones Universidad San Dámaso, Madrid.
  • Martos, Manuel Castillo, La ciencia de los filósofos, Alberto Magno: precursor de la ciencia renacentista, 1996, Universidad de Sevilla, España
  • Filippi, Silvana, El problema del ser de Alberto Magno a Tomás de Aquino, 2012, Scripta Mediaevalia. Revista de pensamiento medieval, vol. 5. N. 2, Pág. 23-40, Argentina.
  • Puente, Mauricio Beuchot, El problema de los universales, 2010, Universidad Autónoma del Estado de México, México.
  • Heinzmann, Richard, Filosofía de la edad media, 1995, Editorial Herder, Barcelona, España.

[1]adj. Tímido, indeciso, encogido. /adj. Dicho de una persona: Que se escandaliza con exageración 

de cosas que no le parecen conformes a la moral convencional.

[2] Mineralium, I, III, tr. 3, C. I, Pág. 59.

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