ÁFRICA Y EL CONGO: ESCENARIO DE LAS FUERZAS ORIGINARIAS Y DESTRUCTORAS.

HUELLAS PALPABLES EN EL TIEMPO

Por Antonio Aguilera, SJ

PROBLEMÁTICA IGNORADA

Después de haber meditado y al mismo tiempo realizado algunas lecturas acerca de la problemática de explotación y abusos en la República democrática del Congo, quiero compartir este texto como una forma de acercamiento personal a esta realidad que adquiría un carácter mítico y brumoso debido a la lejanía y, debo admitirlo, a mi falta de actitud investigativa. No quiero decir tampoco que ahora soy un conocedor absoluto, al contrario, me doy cuenta a medida que ahondo en la historia del África, y con particularidad en el Congo, que me falta mucho por seguir profundizando.

Mi objetivo es penetrar en esta problemática, identificar esas voces nativas de artistas, intelectuales y gente de a pie que claman un tiempo en el que sus recursos no sean aprovechados descaradamente por fuerzas extranjeras y donde vivan tranquilos, dignamente en su tierra rica y bella. Quiero identificar esas aristas que apuntalan el dolor de los congoleños y analizar esas constantes que con el tiempo fueron modificando la realidad vulnerable de sus habitantes. Las sociedades arrastran sucesos que, dedicándoles una atención dedicada, nos muestran el porqué de la fortaleza o debilidad de sus repúblicas.

Nunca es fácil hablar de África. Sus letras arrastran connotaciones muy diversas: desde el posible nacimiento del humano anatómicamente moderno en el sur de aquellas tierras sin término, hasta las más cruentas guerras que muchas veces pasan desapercibidas para el resto del mundo.

            Este gigantesco continente lo ha marcado la historia de muchos matices. Y no podemos dudar de la belleza de sus paisajes, lo atractivo de sus animales exóticos, la amplitud de sus montes, la alegría de sus gentes y, por supuesto, la antigüedad de su arquitectura y su hondura religiosa. No me ha resultado fácil darle un enfoque específico a mi trabajo; sin embargo, hay un aspecto que me llamó poderosamente la atención.

            La República Democrática del Congo sufrió a finales del siglo pasado una guerra desastrosa que dejó la muerte de más de tres millones de personas, guerra que consideran la más cruenta después de la Segunda Guerra Mundial. El Congo fue un Reino grande desde antes de la llegada de los portugueses y se estima que vivían alrededor de dos millones quinientos mil habitantes. Más tarde se convirtió en uno de los epicentros de tráfico de esclavos. Luego, la explotación exacerbada de sus recursos naturales en el siglo XVII y XIX fue ocasión de inquietudes entre la población. Comenzaron a surgir movimientos que rechazaban este aprovechamiento por parte de los europeos, quienes se encontraban en una especie de competencia comercial, en plena revolución industrial. Algunos expertos aseguran que El Congo quizás sea el país con mayor riqueza de recursos naturales. Tanto así que posee el “coltán”, mineral que está considerado como no renovable altamente estratégico, utilizado sobre todo para las actuales tecnologías. Se estima que sus tierras representan el 80% de reserva mundial de “coltán”, considerado por los mismos congoleños como su desgracia.

            En el año 1998, además de las muertes ya mencionadas, se cree que más de dos millones y medio de personas se vieron obligadas a desplazarse de sus hogares y otras han muerto por desnutrición. Amnistía Internacional, publicó un texto en el año 2003 titulado, Rep. Democrática del Congo. «Nuestros hermanos que ayudan a matarnos», con el fin de ahondar en esta problemática, ir a sus raíces y dar algunas recomendaciones para darle la dignidad merecida a esta población humillada y explotada. En dicho texto, encontramos un fragmento que pone en cuestión algo relevante, y es que, si bien es cierto, en todo el mundo, de alguna manera, hacemos uso de muchos de esos recursos extraídos de El Congo, no nos damos cuenta y, peor aún, no nos interesa conocer lo que ha sucedido por allá. Los medios de comunicación tienen el poder de globalizar información de ciertos lugares e ignorar la de otros.

Ha existido tal desinterés de la situación que la MONUC (Misión de las Naciones Unidas en la Rep. Democrática del Congo), ha sido fuertemente criticada debido a su falta de personal e incapacidad de actuación. Esto, sin duda, provocó que este tema a la mirada internacional le fuera poco conocido.

En un poema conmovedor, titulado “Los ancestros”, el poeta congoleño Kama Kamanda expresa:

Oh estrellas errantes en las edades de las civilizaciones

nuestros sueños vienen de las ruinas,

nuestras voces de vientres sin fondo

y nuestros recuerdos de órbitas huecas.

¡Oh canto surgido del fondo de las tinieblas!

¡Oh grito de desarraigados en la nada irreversible!

Prueba de diques bajo la tempestad

la sangre de nuestros muertos cubre las estelas

que tiemblan como montañas.

INFLUENCIAS DEL PASADO COLONIAL

EN LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

En las páginas anteriores me dediqué a mostrar a grandes rasgos la problemática que viene padeciendo el Congo en los últimos años, pero sobre todo hice hincapié en la cruenta masacre de la guerra que se vivió en 1998. Esto fue el producto de peleas por los recursos naturales, de gobiernos políticos fraudulentos, entre otros factores, y con el resultado deplorable de un agudizamiento de la pobreza y olvido de los servicios más básicos a los que debería acceder la población. Sin embargo, podemos preguntarnos, ¿tiene algo que ver el pasado con esta realidad de hoy día?, ¿qué implicaciones puede tener la época de colonialismo y esclavitud del siglo XVI en los acontecimientos que se sucedieron después?, ¿existía un comercio preeuropeo entre las poblaciones nativas que nos lleve a pensar en que sí eran conscientes de la bastedad de recursos naturales con que contaban? Y, por último, ¿hay consecuencias distintas en las poblaciones que antes de la llegada de los Europeos tenían un estado organizado, frente a las que no lo tenían?

            Para profundizar en estos puntos me referiré continuamente a un texto de Erick Wolfe, Europa y la gente sin historia y también al informe de Amnistía Internacional sobre la Rep. Democrática del Congo del año 2003, además de otros artículos que abordan el caso de los tratados de paz firmados en el 2013.

            Siempre nos resultará alarmante la pobreza de un país tan grande y rico como el Congo. Y no podemos ignorar que muchas empresas extranjeras se han aprovechado de aquellas tierras y los lugareños no han gozado siquiera una cuarta parte de esas grandes ganancias. Al contrario, los ha llevado a padecer sufrimientos incontables a lo largo de la historia. Y podemos rastrear las raíces de esta problemática para ver el hilo conductor de hechos que desembocan en la triste realidad congoleña. Al parecer, la problemática más dolorosa y pujante ha sido la del este del país. Y ¿a qué se debe? Uno de los aspectos que contribuyeron a esto es, según veo, la falta de una organización precolonial que llevó a una total dependencia de los colonos portugueses, quienes organizaron a su antojo dicho territorio. Así nos lo cuenta Wolfe: “… a la llegada de los europeos había dos regiones que desempeñarían un papel importante en el tráfico de esclavos y que ya estaban bajo la autoridad de Estados Africanos. La primera de ellas, el Reino del Kongo, afirmaba haber sido fundada en la segunda parte del siglo XIV, cuando varios grupos jerarquizados por el parentesco originarios de norte del río Congo se sobrepusieron a las poblaciones del sur. La segunda región con un Estado preeuropeo fue Benin, en el sur de Nigeria. En otras dos regiones, la formación de Estados es posterior a la llegada de los europeos. Una de ellas, al este de Kongo, tenía su centro en los alrededores del Lago Kisale…la cual fue puesta en marcha por el «estímulo económico que dio la apertura de la costa atlántica por los portugueses»”.[1] Como apreciamos, no había una estructura organizativa anterior a la llegada de los portugueses. De manera que no es difícil ver que se arrastra desde antiguo una falta de autonomía en comparación a los sitios donde sí la hubo. Aunque la diferencia no es tanta.

            Es evidente que, a la llegada de los europeos, aquel lugar era un yacimiento extraordinario de recursos naturales que dejó pasmados a los navegantes. Pero esto no era algo que ignoraban quienes vivían allí. De hecho, hay evidencias de que ya existía una actividad comercial. Y Wolfe nos dice que “las conchas nzimbus eran la parte principal de los pagos de tributos en tiempos preeuropeos, y eran la moneda del reino, el instrumento principal de las finanzas públicas”. [2] Esto nos aclara que la interacción de mercancías y productos era ya una actividad que realizaban. Y a la llegada de los portugueses, estas poblaciones vieron aquí la oportunidad de ampliar su comercio. Sin embargo, los europeos querían intercambiar de una forma inesperada. A cambio de lo que ellos traían de su continente, pedían ser pagados con personas para el tráfico de esclavos.

            Como vemos, el desarrollo del este de la Rep. Democrática del Congo se vio marcado por un aprovechamiento de no solo de recursos, sino de materia humana. Y la historia de ultrajes que ha padecido hunde sus anclas en estos tratos comerciales inhumanos. El reciente pasado de guerras, hambrunas y corrupción estatal fue llegando al punto en el que se vio la necesidad de crear tratados de paz. Lo curioso es que los confrontamientos se daban entre las tres repúblicas vecinas, Ruanda, Uganda y el Congo. Obviamente detrás de estas dos naciones interesadas en explotar al Congo tenían detrás el apoyo de transnacionales de los países más poderosos del planeta. De esta manera durante el 2013 en el documento, considerado “histórico” por el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, los firmantes se comprometen a no intervenir en conflictos que se desarrollen en sus países vecinos y a abstenerse de apoyar a grupos rebeldes. La implicación de varios países en la contienda de Congo ha complicado durante años su resolución e incrementado la inestabilidad regional. Congo comparte fronteras con nueve países, y por los que limitan en su parte occidental —Ruanda, Uganda y Burundi— cruzan con frecuencia hombres y armas. Estos tres países están acusados además de financiar a grupos armados que operan en Congo.[3]

LA LITERATURA COMO FUENTE PRIVILEGIADA

DE RECONOCIMIENTO DE LA HISTORIA

Desde hace algunos meses venido cayendo en la cuenta de mi grado de ignorancia respecto de la literatura africana. Puedo decir con absoluta seguridad que no conozco la literatura de aquel continente tantas veces olvidado. Recuerdo haber leído algunos textos o alguna novela escrita por misioneros que vivieron allá. Y el único texto escrito por un africano que recuerdo haber leído fue “Tras las huellas de mi padre”, cuando me encontraba en el noviciado en Panamá. Dicha obra, aunque la he buscado, no se encuentra en internet. Pero trata sobre un hombre africano que viaja a Europa y se siente confundido en medio de la opulencia occidental. Observa el lujo innecesario y ve la frialdad de las personas. Es entonces cuando descubre su ser africano. Reconoce la importancia de la comunidad en su pueblo y los valores tan sencillos como la amabilidad o el saludo. Me impactó ese libro, a pesar de no ser una obra de gran envergadura y sin tener las pretensiones de serlo, porque aprecié con más hondura el pensamiento del africano.

No sé si mi percepción esté errada, pero me atrevo a decir que la literatura africana ha sido muy poco difundida en Latinoamérica. Y es que antes de llegar a tener la influencia mundial que tuvo y tiene este continente en cuanto a literatura, hubo de pasar por procesos muy parecidos a los de África que despertaron la vena literaria y se tradujo en poesía modernista, contestataria; novelas con carácter vernaculista y político hasta llegar al realismo mágico -un género cuyo precursor mayor fue García Márquez- y al deseo de cantar desde un lenguaje propio, una realidad propia y una cosmovisión también propia. África quizás se encuentra todavía gestando esa revolución literaria. La revista Latitud 30 35 en Madrid le hizo una entrevista al ensayista y crítico literario congoleño Lnadry-wilfrid Miampika, y él reconoció lo siguiente:

“Senghor y Césaire -grandes poetas africanos- procuraban liberar al hombre negro de todos sus fantasmas, del sentimiento de desarraigo, del sentimiento de negación histórica del que hizo víctima Europa a África, recordemos que Hegel colocó a África en el limbo de la historia, y a pesar del sitio en que nos coloca Hegel, África tiene su lugar en la historia. La poesía enriquece la historia, ayuda a liberar al hombre negro, porque la descolonización en África y el Caribe fue preparada por los poetas de la Negritud, y esto hay que decirlo”.

            El mundo debe conocer a más autores africanos y muchos estamos ansiosos de conocer esas voces. Recordemos que ya han ganado el nobel autores como el nigeriano Wole Soyinca en 1986, el egipcio Naguib Mahfuz en 1989 y la surafricana Nadine Gordimer en 1991. Pero existe toda una generación de escritores jóvenes esperando ser leídos en todo el mundo y alegrarnos con su canto.

            En el poeta camerunés Paul Dakeyo, 1948, encontramos esa fuerza y fervor que son capaces de contener la historia en versos y adivinar un futuro distinto, al final:

África

África alma alterada

Cruzada por mil latigazos

Pesadilla

Ahogada en sudores fétidos

Sangre

Desmayo

Mi hambre

Mi sed

Mi cárcel muda

Mi grito perdido

Ahorcado

Inútil

Despedazado

Calabozo donde todo se fija

Palabra

Manifiesto

Revuelta

Mi esperanza.

DESARTICULACIÓN DE LA REPÚBLICA CONGOLEÑA

RASGOS DEL AYER IMPREGNADOS EN EL DEVENIR

Entre los innumerables hechos que, a lo largo de la historia, fueron modificando la vida de los africanos y, específicamente, de los congoleños, encontramos uno muy lamentable: sus mismos habitantes se vendieron y mataron entre sí. Y esto es algo que sigue sucediendo hoy día; pero que se veía con más claridad antes los tratados de paz. La lucha por los minerales del Congo y las grandes guerras que han sucedido, han tenido como protagonistas sus hermanos vecinos, como lo hemos dicho antes. Esto quizá tenga sus raíces en las distintas formas de corrupción y declive de la nación, tanto como la que estaba directamente aliada a la colonia portuguesa como las poblaciones lejanas que también padecían las repercusiones. Así nos lo cuenta Erick Wolfe:

“La mengua de la hegemonía kongo y la expansión del comercio hacia el interior desataron una cadena de acontecimientos en territorios muy alejados de la influencia portuguesa directa. Un lugar en que ocurrieron algunos de estos acontecimientos fue la sabana situada entre el alto río Lualaba y el río Kasai, donde hubo grandes cambios políticos después de 1500. Tal vez al principio tales cambios se debieron a influencias externas, pero pronto se vieron mezclados con procesos que se originaron en la trata de esclavos”.[4]

La trata de esclavos juega un papel fundamental en la desarticulación de los estados y provoca hondas llagas a lo interno de la población. El solo hecho de imaginar que miembros de una misma comunidad o familia se convertían en los verdugos y cazadores que mediaban entre nativos y portugueses para llevar a cabo aquel inhumano gesto de venta de esclavos, resulta repugnante. Se llegaron a establecer lo que llamaron “estados negreros propios”, en los que se organizaba y estructuraba el amplio aparato del tráfico de esclavos. Esta gente, entre los nativos, encargados de mediar eran llamados imbangalas y su presencia el Kongo fue imprescindible para los comerciantes europeos. Pero es necesario reconocer e insistir que hubo pueblos que con el tiempo se desestabilizaron, aunque sí poesían una pequeña organización propia, como los Lubas:

“Los lubas emergieron inicialmente como un conjunto de patrilinajes que impusieron su dominio sobre un gran número de grupos locales. Estos patrilinajes lubas llegaron a constituir una élite de invasores, los balopwes. De esta élite salía el rey, cuya autoridad se conceptualizaba como el ejercicio del bulopwe, poder sobrenatural trasmisible por la línea masculina. De la élite salían también los jefes que quedaban a cargo de los grupos conquistados”.[5]

Es decir, las invasiones entre pueblos circunvecinos ya eran practicadas con anterioridad a la colonia. Y parece ser este un dato que nos lleva a pensar en que siempre esto fue parte del ser humano. Siempre el hombre se vio en la necesidad de moverse de su lugar y, cuando se vio amenazado, en busca de mejores recursos, se enfrentó a otras poblaciones y quiso atacarlas para ganar territorio. Sin embargo, esto no es suficiente para justificar que se siga haciendo, cuando hoy día tenemos muchos medios para enfrentar las situaciones y con un mundo globalizado, en el que deberíamos tener acceso a los recursos de otros sitios con mayor facilidad, en realidad nadie debería estar pasando pobreza ni estar vedado de su derecho a colmar sus necesidades básicas. Lo que ha pasado con el Congo es que, en el afán de los poderosos de abastecer al mundo con sus recursos y explotarlos a más no poder, se han olvidado de cuidar de su gente, de implantar mecanismos de desarrollo, de fortalecer la educación y levantar la autoestima del pueblo y así retomar nuevos caminos de esperanza.

Todo estaba ligado en aquel entonces a la trata de esclavos y las actividades agrícolas, incluso, dependían de ello:

“En la segunda mitad del siglo XVI llegó el maíz a la costa, al mismo tiempo que permitía la incorporación de los no lundas por y la mandioca fue introducida hacia 1600 (Vansina, 1968:21).

                        Es probable que estos productos hayan contribuido a la consolidación de poderío lunda. En Mussamba se hacía trabajar a los esclavos en huerto de mandioca, lo cual es probable que haya aumentado la base productiva del reino. Salta a la vista que la estructura mandioca descansaba en la esclavitud y en la capacidad de la aristocracia guerrera para entregar esclavos al centro (Vellut, 1972: 77, 83-84)”.[6]

Pronto otro elemento jugó un papel preponderante en las invasiones por parte de estos pueblos: las armas de fuego. Esto fue algo que llevaron los portugueses al África, así como los españoles, ingleses y franceses lo trajeron a América. Y, como seguimos viéndolo actualmente, las armas de fuego crean toda una estructura de muerte y comercio gigantesca y en base a la cual gira, de manera diabólica, el actuar de las empresas que explotan los minerales del Congo y que amedrentan con ello al país entero, acrecentando la violencia y la pobreza.

Para finalizar, considero que es necesario se realicen más estudios sobre la realidad africana, teniendo en cuenta la gran importancia que esta tiene en la historia del mundo. Los primeros rastros de existencia del ser humano encontrados en esas tierras, siguen tocando nuestra sensibilidad para hacernos ver que no podemos ignorar nuestro origen y se hace pertinente profundizar en él y reencontrarnos en él. Si hay alegría en nosotros es porque sus tambores y sus danzas siguen recorriendo nuestros cuerpos y sus voces melodiosas se escuchan en lo profundo de nuestros genes.

            Y una última cita de Wolfe, en la que se establece la complejidad al momento de tratar este tema. No se pueden plantear posturas extremistas. De hecho, para él lo verdaderamente importante, más allá de nombrar culpables foráneos o nativos, la tarea del investigador será la de identificar esas aristas que provocaron los choques y encuentros entre los seres humanos de diversas partes del mundo:

“Empero, la tarea de escribir un relato realista de las poblaciones africanas no es justificar a un grupo contra otro, sino dejar al descubierto las fuerzas que pusieron en contacto a europeos y africanos (y otros) en la construcción del mundo; son perfectamente determinables las causas y consecuencias económicas y políticas que afectaron a todos los participantes”.[7]


[1] Wolfe, Erick, Europa y la gente sin historia, 2006, FCE, México. Pág. 253

[2] Ibid. Pág. 272

[3] https://elpais.com/internacional/2013/02/24/actualidad/1361732527_908493.html

[4] Ibid. Pág., 274

[5] Ibid.

[6] Ibid. Pág., 277

[7] Ibid, Pág., 281

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