Por Antonio Aguilera, SJ
Esta canción fue lanzada en el año 2010 por la antigua banda de la que formaba parte el hoy rapero solista Residente. Recibió dos premios en el 2011: el Premio Grammy Latino a la Grabación del año y el Premio Grammy Latino a la canción del año. Fue compuesta por Cabra Eduardo, René Pérez (Residente) y Arcaute Rafael Ignacio. Los artistas invitados fueron: Susana Baca, María Rita, Totó la Momposina y Rita María. En su estructura la canción cuenta con catorce estrofas, cada una de cuatro versos, sin contar el coro, el cual consta de dos estrofas, también de cuatro versos cada una, y las cuales se repiten dos veces y luego tres veces, ya que incluye un coro en portugués.
Si prestamos atención a cada palabra de esta canción, pronto notaremos la carga de profundidad que arrastran las frases y que poco a poco nos van llevando a imaginar o a rememorar lugares de nuestro continente Latinoamericano. No es fácil hablar muchos países y, aún más, encontrar unidad en ellos. Lo que aquí encontramos es un esfuerzo por buscar lo que se comparte, lo que forma parte de todos, lo que nos unifica en medio de lo distinto que podamos ser.
Inicia con una frase lapidaria que al mismo tiempo representa un rasgo muy distintivo de los pueblos latinoamericanos: la conquista -tanto española, portuguesa, inglesa y, una parte, francesa-:
Soy, soy lo que dejaron
Soy toda la sobra de lo que se robaron.
Cuando René dice: “soy”, en realidad lo que él está suponiendo es que “somos”. En este caso, él personifica a cualquier hombre o mujer latinoamericana. La palabra “sobra”, puede verse de manera despectiva y lleva un contenido muy amplio que puede interpretarse de muy diversas formas. Por ejemplo, “sobra” como tierra explotada y saqueada, por todos los ricos minerales que los barcos europeos se llevaban; “sobra” porque diezmaron nuestra gente, las mataron y violaron, y nosotros somos producto de aquella tiranía y somos, por ello, gente híbrida, ni indios ni blancos: mestizos; “sobra” porque, desde entonces, nuestra cultura es un sincretismo, una unión de ritos ancestrales con el cristianismo o el paganismo; “sobra” porque si intento rastrear mi historia, me encontraré con un pasado fragmentado, cuya unión de piezas puede realizarse solo aceptando que fuimos colonizados.
Soy una fábrica de humo
Mano de obra campesina para tu consumo.
En esta canción es muy frecuente el uso de los opuestos, tal vez para causar mayor impacto en quien escucha. En los versos anteriores apreciamos, primero, un signo del desarrollo con la “fábrica de humo”. No hay duda, pues, que metrópolis como las que encontramos en México, Brasil, Chile o Colombia pueden sugerirnos este tipo de desarrollo. Luego leemos “mano de obra campesina para tu consumo”. Aquí se hace alusión al sector rural o al campesino que trabaja duramente, bajo condiciones difíciles y muchas veces sobreexplotado por transnacionales. Por ello es que el “tu” es como si se lo dijera al patrón extranjero que viene a enriquecerse a nuestros países utilizando la mano de obra campesina o local, con salarios muy bajos. Un ejemplo muy claro de esto son las maquilas o empresas bananeras. En medio de este juego de oxímoron, encontramos frases también que nos llenan de esperanza para luego bajar a una realidad llena de crudeza:
Las caras más bonitas que he conocido
Soy la fotografía de un desaparecido.
Y luego llega el coro, cargado también de reclamo. Nuevamente aparece el “tú”, ahora con tilde. Claramente se dirige a un interlocutor, quien, como ya dije, puede ser el actual colonizador económico, explotador transnacional que procura hoy día arrasar con los recursos que dan vida a nuestros pueblos. Es común a todas las culturas originarias latinoamericanas la importancia del viento, el sol, la lluvia y el calor, y se juega con estas imágenes para englobarlas a todas. También hace mención de las nubes, los colores, la alegría y los dolores. Estos son símbolos de la totalidad de un continente. Por lo tanto, el reclamo es que no pueden comprar nuestra totalidad, aunque quisieran:
Tú no puedes comprar al viento
Tú no puedes comprar al sol
Tú no puedes comprar la lluvia
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes
Tú no puedes comprar los colores
Tú no puedes comprar mi alegría
Tú no puedes comprar mis dolores.
Sin embargo, también podríamos encontrar que el interlocutor somos nosotros. Es decir el “tú” en realidad es el “yo” que somos como latinoamericanos. Lo digo porque si nosotros ansiamos el desarrollo, deberíamos también tener en cuenta que es preciso evitar convertirnos en explotadores de nuestros mismos recursos y olvidar con ello de dónde procedemos y qué es lo que forma parte de nuestra piel, de nuestro origen.Escuchemos, pues, esta canción con una mirada distinta, sumerjámonos en sus frases bellas y crudas para encontrarnos en ellas.