La tecnología y el compromiso social en las actuales generaciones

Me resulta interesante la diversidad de posturas existentes al momento de hablar del compromiso social en las actuales generaciones y en esta reflexión pretendo dar mi opinión sobre el asunto. No es extraño encontrarse padres de familia que se quejan de sus hijos por actitudes de indiferencia frente al estudio, sus responsabilidades en el hogar, etc. En la mayoría de las ocasiones la culpa de esta indiferencia es atribuida al uso desequilibrado de la tecnología. Al mismo tiempo encontramos padres que no prestan absoluta atención a lo que sucede con la vida de sus hijos, quizás porque la misma tecnología les ha atrapado también. En los centros educativos los profesores advierten una mente más despierta en los jóvenes y les sorprende escucharles hablar de una amplia variedad de temas nacionales e internacionales. Lo que tenemos claro es que hay un exceso de información a la que hoy día podemos acceder sin muchos problemas.

Y en medio de todo esto parecen surgir dos realidades: una física y una virtual. Aunque en verdad, la segunda se desprende de la primera. En las redes sociales encontramos fotografías y videos sobre cualquier cantidad de tópicos. Tenemos la oportunidad de acceder al mundo de nuestros amigos y familiares al entrar a la sección de noticias de Facebook, Instagram o twiter. El mundo se presenta ante nosotros en una pantalla. Y cabe entonces la pregunta: ¿esto narcotiza o posibilita un compromiso social en las actuales generaciones? No es fácil de responder a esta pregunta; sin embargo, no podemos negar que hoy día hay una mayor sensibilidad por cualquier tipo de injusticia y todo aquello que infrinja la dignidad de las personas.

Hemos contemplado con sorpresa cómo en el mundo entero se han alzado voces de reclamo contra atropellos, muertes injustas, dictaduras, violaciones que socaban los derechos humanos, la explotación de los bienes de la tierra, el femicidio, los abusos de poder, etc. Y no podemos decir que esto se queda solamente en el espacio de las pantallas, pues hemos visto cómo un Hashtag (#) de pronto se convirtió en una aglomeración en una rotonda, en una carretera, en un portón universitario, para exigir lo que antes parecía cosa nada más virtual.

Se gesta un protagonismo insospechado, el cual puede tener repercusiones también insospechadas. Pues ocurre que, aunque haya un compromiso social, no podemos negar que también hay una manipulación de masas que puede, incluso, utilizar estas iniciativas para fines macabros y despóticos. Pienso que la tecnología puede llevarnos por tres caminos: el primero, ver con absoluta indiferencia todo lo que sucede en las redes sociales; el segundo, contemplar conmovidos lo que aparece frente a nosotros y compartir en nuestros muros publicaciones creyendo que con eso ya estamos actuando; Y el último, además de contemplar conmovidos y compartir esas publicaciones con reclamos de justicia, movernos en la realidad y actuar coherentemente.

En fin, hay de todo. Sin embargo, hablando de nuestros países en vías de desarrollo en los cuales ha existido más indiferencia que otra cosa hasta nuestros días, la tecnología ha venido a sensibilizarnos más sobre la realidad de pobreza, injusticia, miseria y exclusión que antes era invisibilizada. Y quizás hay una mezcla de publicaciones entre las que uno puede encontrar el anuncio de promoción de una hamburguesa y debajo el grito de reclamo de un grupo de médicos por el robo millonario de un gobierno en medio de la crisis sanitaria. A mi parecer, hay un mayor compromiso social en las actuales generaciones. En otros análisis o estudios se podría investigar si esos compromisos tienen bases sólidas o líquidas.

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